jueves, 26 de junio de 2014

¡Vamos Argentina carajo!

La unión en un grito: el gol más esperado.

Se cumplió la lógica, Argentina ganó el grupo F de la Copa del Mundo. Aquella lógica que por un momento se transformó en dudas, cuando de forma muy sacrificada la albiceleste le ganó por la mínima a Bosnia Herzegovina. Seguido de un partido muy cuestionado contra Irán, en donde Messi volvió a aparecer en el momento justo para concretar el 1-0. Quizás la felicidad de argentinos y simpatizantes de nuestro fútbol se vieron satisfechos con el partido final contra Nigeria, en el que Argentina demostró su poderío ofensivo (y también su costumbre de endeble defensa).

Argentina está en octavos de final, en donde lo espera Suiza. Con sus más defectos que virtudes, el seleccionado nacional superó la fase de grupos. Deberíamos hablar de lo destacable de estos tres partidos: Messi fue decisivo en cada uno de ellos marcando siempre, al menos, un gol.

Los cuestionamientos y críticas al equipo, al planteo del técnico y por no ganar por diferencias de gol mayor contra “equipos chicos” llueven por doquier. La gratuidad de criticar se vuelve engorrosa, en donde se pierde el papel de periodista para ser un argentino soberbio con un micrófono delante de él, que todavía ve a Maradona alzando la copa en el 86, que menosprecia rivales, que se creé la enciclopedia del fútbol. El pesimismo reina en los livings de la mayoría de los hogares. Solo por esta vez reconozco el papel del hincha de cancha, aquel que grita eufórico alentando por sus colores y reconociendo el camino recorrido para estar jugando hoy en tierras brasileñas.

¿De qué sirve criticar al ganador de cuatro balones de oro? ¿De qué sirve, ahora que lleva marcados cuatro goles en tres cotejos disputados? ¿De qué sirve criticar a un arquero inactivo que tuvo una actuación correcta en los tres juegos? ¿De qué sirve criticar al técnico campeón de América con Estudiantes de La Plata que es el primero que entiende cómo jugar CON Messi?

Prefiero vivir los partidos apoyando y alentando. Creo que es un pecado no disfrutar de este evento, el cual le otorga nada más que siete partidos a los cuatro mejores. ¿Esperar cuatro años para no vivirlo como la máxima cita del deporte? No creo que sea la decisión correcta.

Necesitamos optimismo, no soberbia. Confianza, entusiasmo, esperanza, ilusión, alegría. Tal vez sea lo que falte para volver a alzar esa representación de dos figuras antropomórficas sosteniendo el mundo de oro puro. Esos cinco kilos de metal precioso que más feliz harían a los colores celeste y blanco.